Skip to Content
Loading

El banquero anarquista, Fernando Pessoa

El banquero anarquista

Terminábamos de cenar. Frente a mí, como ausente, fumaba mi amigo el banquero,
gran comerciante y acaparador insaciable. La
conversación, que había ido languideciendo, yacía muerta entre nosotros.
Intenté reanimarla al azar, recurriendo a una idea que acababa de
pasar por mi mente. Me volví hacia él, sonriendo:

Calificación: 
5

Alguna vez, de pronto, me despierto...

geranioAlguna vez, de pronto, me despierto:
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.

 

Calificación: 
5

Cómo escribir poesía, Leonard Cohen

Por ejemplo la palabra mariposa. Para usar esta palabra no hace falta aligerar la voz, ni dotarla de pequeñas alas empolvadas, ni inventar un día soleado o un campo de narcisos, ni estar enamorado, ni estar enamorado de las mariposas. La palabra mariposa no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. La gente tendrá todo el derecho a reirse de tí si confundes estos dos conceptos. No le des tanta importancia a la palabra. ¿Qué quieres transmitir, que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente su naturaleza? La palabra mariposa no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras. No representes nunca las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si tu ambición y tu hambre de aplausos te ha llevao a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices.

 

Calificación: 
5

Sobre el Premio Nobel de Literatura

Una historia del Premio Nobel de Literatura

“A lo largo del siglo transcurrido desde que se entregó por primera vez el premio Nobel de Literatura en 1901, se han acumulado las preguntas de una forma que carece de equivalencia en los premios científicos. ¿Por qué Sully Prudohmme, Rudolf Eucken, Grazia Deledda y Pearl Buck? ¿Por qué no Tolstói, Ibsen, Proust, Kafka y Joyce”. ¿Y por qué J.M. Le Clézio?, podemos añadir.

 

Calificación: 
5

Said Tigraoui: El escalofrío de la muerte

Oh violencia que habitas dentro de mí...

No apresures la venida de mi muerte en el íntimo territorio de mi mente

Cartas ..., cartas ..., cayeron como candelas por el rocío de una nube.

El espacio del corazón se dilató, abrazado a la congoja del sol,

vencido en el mar de los eclipses.

Porque la nación está intoxicada...

como luna triste en su cerviz oscurecida

Calificación: 
5

Aullido, Allen Ginsberg

 

(Traducción inédita de Rodrigo Olavarría)

    
  Para Carl Salomón

    I

    Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
    arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
    hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,
    que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
    que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,

    que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,

    que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,

    que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,

    que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,

    que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche,
 con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin,

    incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo,

realidades de salones de Peyote,
amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero,
borrachera de vino sobre los tejados,
barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante,
vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn,
desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente,

Calificación: 
5

Kubla Khan o el sueño truncado de Xanadú. Coleridge

Por Stelmarch

En 1796 Samuel Taylor Coleridge se encontraba convaleciendo de una enfermedad en una solitaria granja de Exmoor. Acababa de tomar dos granos de opio para calmar sus dolores y se había quedado dormido. Al despertar y en medio de ese ensueño que todavía le provocaba el opio, comenzó a escribir un poema sumido en un éxtasis de inspiración. Llevaba unas cincuenta líneas cuando fue interrumpido por un agente de seguros de una localidad vecina. Coleridge trató por todos los medios de de librarse del intruso, pero no lo consiguió y lo entretuvo casi una hora hablando de finanzas. Al terminar la visita, intentó retomar su visión del legendario mundo de Xanadú, pero ya le fue imposible. Durante muchos años consideró que no valía la pena ser publicado, pero finalmente se publico 20 años después de ser escrito:

Calificación: 
5

Tempestad, José Albi

¿Y a ti qué te diré, río del alma, cántaro de mi sed, jardín cerrado?

¿Y a ti qué te diré, río del alma, cántaro de mi sed,
       jardín cerrado?
¿Y a ti qué te diré, mujer que dejas tu corazón al borde
      de mi vida?
Hasta ti llegaré y, entre las manos, tomaré viento y agua;
      luz y tierra,
y amasaré nuestros dos nombres juntos.
Qué nuestra es la esperanza, que nos gana y nos pierde
      cada día.
Qué nuestra es la tristeza, que se escurre a lo largo de los
      hombros y nos deja indefensos, solitarios.
Qué nuestro es el recuerdo, que nos une lo mismo que un
      abrazo.

Calificación: 
5

Los Protocolos de Sión

Distribuir contenido


by Dr. Radut