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El profesor X dialoga con Democracia

Por Amparo Andrés Machí

(Cuentos neuróticos, Chiado editorial 2015)

Las cortinas de las ventanas ondeaban suaves con el fresco viento matinal. Aquella mañana sabía que tenía que estar despejado para mi visita, por lo que tomé dos tazas de café bien cargado. Doña Democracia no se demoró mucho. A eso de las diez sonó el timbre, tal como habíamos quedado...
—Siéntese, por favor. ¿Quiere que le traiga un café?
—No, no se moleste. Acabo de tomar uno.
—Bien, pues cuénteme. ¿En qué le puedo ayudar?
—Verá profesor, es que estoy muy acabada. No me
siento con fuerzas para luchar contra los enemigos. Los
médicos me han metido en una clínica de reposo donde me
tomar tranquilizantes y dicen que todo anda bien, pero
yo cada vez estoy más débil. Así es que estoy casi todo el
rato ausente, como dormida y sin ganas de gobernar.
—¿Y en quien delega sus funciones?
—Pues mi principal colaborador es el Neoliberalismo.
Pero sospecho que me está siendo desleal. Está tejiendo un
complot contra mí, profesor.
—¿En qué se basa?
—Lo encontré conspirando con Economía; ésta tiene
una gran cantidad de funcionarios a su cargo que, al parecer,
les está haciendo todo el trabajo sucio. Son dirigentes
importantes que tienen gran poder y que se desperdigan por
todo la urbe. Algunos los conocerá: FMI, Banco Mundial,
OCDE...
—Sí, sí. ¿No cree entonces lo que dicen del Liberalismo?
—No. No tengo confianza en él. Ha cambiado en los
últimos años, y su nueva imagen no es ya ni la sombra de lo
que fue. Neoliberalismo sólo utiliza su nombre pero perdió su
causa hace años.
Además, tengo pruebas de que Neoliberalismo está
envenenándome lentamente con sus dogmas. Adquiere sus
pócimas en el Capitalismo más exacerbado, mezclando
sesos de liberalismo con rabo de estatismo  y poco a poco
va concentrando las dosis en monopolios privados que no
se sabe muy bien a qué intereses responden y que, al final,
siguen dependiendo del Estado, en manos de los políticos de
turno que hacen y deshacen a su antojo mientras se esconden
de mí y del pueblo. Todo regulado por organismos que
compran la política y elimina competencia transformando y
destruyendo los principios básicos en los que me sustento.
Así, voy debilitándome sin que nadie se dé cuenta, desde mis
propios cimientos. Necesito su ayuda, profesor.
—El asunto que me cuenta es muy grave, desde luego.
¿Han tomado ya alguna medida?
Pues no. No hay nadie que vea peligrar mi salud. Ya
le digo que ni los médicos me hacen caso y como siga así,
AmpAro Andrés mAchí
—Es una situación muy compleja. Déjeme usted
reflexionar sobre todo ello. Hablaré con mis colegas e
intentaremos un diálogo con los implicados. Hemos de
contactar con la ciudadanía para intentar buscar soluciones
a la situación.
Sí, profesor, es preciso hacer algo pronto.
Doña Democracia salió de la estancia algo más
esperanzada, mientras arrastraba sus piernas hacia su nuevo
asilo.

 

 

 
 
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Buen comienzo



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