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Los Protocolos de Sión

Desde tiempo inmemorial, las leyendas locales han sido fuente de inspiración para literatos y no tan literatos de todo el mundo. Ya el mismo Homero utilizó leyendas heróicas y mágicas del acervo cultural de su pueblo para escribir La Iliada y La Odisea. Y es que las leyendas ofrecen jugosas historias que suelen ser alimentadas por la fantasía popular a través de los tiempos, llegando incluso a convertirse en pseudohistoria, en algo que “pudo haber sucedido”.
Cualquier suceso es susceptible de convertirse en leyenda, cubriéndose de ese misterio tan fascinante que ofrece la nebulosa de los años que no conocimos y que muchas veces idealizamos en nuestra fantasía, convirtiendo en realidad cosas que quizás en origen sólo fueron una anécdota o una invención. Pero con el paso del tiempo, estas leyendas también van cambiando y modificándose a la par que los tiempos, y son utilizadas, ya no como fuente de inspiración literaria, sino con otros fines que nada tienen que ver con lo estrictamente literario y con unas consecuencias imprevisibles que, incluso, pueden ser nefastas, y no pocas veces acaban rayano la superchería y el fraude. Un triste ejemplo en la Historia Contemporánea lo protagoniza la leyenda negra de los judíos en la que se basaron los Protocolos de Sión, en los primeros años del siglo XX, con la terrible consecuencia del Holocausto en la Segunda Guerra Mundial.
La leyenda negra judía apareció por primera vez un día de verano de 1903 en el que los periódicos de San Petesburgo anunciaban que había sido desenmascarado un siniestro complot para adueñarse del poder y gobernar el mundo por la fuerza a través de varios bombardeos y armas biológicas, y toda esta conspiración la tramaban los judíos. Al parecer la noticia estaba avalada por la publicación de Los Protocolos de Sión, una serie de documentos y actas escritos en original francés de una reunión secreta protagonizada por los Sabios de Sión con el fin de programar la conquista del mundo por los judíos. En los Protocolos habían detallados una serie de planes de desestabilización financiera y otros que tenían previsto ejecutar para lograr que la sociedad se debilitase minando la cultura cristiana imperante por medio de propaganda, para después actuar sometiéndola por medio de bombas y bacterias. Aquello caló hondo y muchos creyeron la historia que acabó difundiéndose por toda Europa como historia verdadera y creíble debido a una serie de circunstancias que casualmente confluyeron y alentaron la idea. En 1920 se tradujeron al alemán y fueron vendidos más de 100.000 ejemplares. Las circunstancias fueron propicias y la hostilidad creció, convirtiéndose en el evangelio nazi treinta años después de aquella primera aparición. Pero aquellos Protocolos sólo eran una falsificación ideada por una mente malvada , una patraña ideada con fines políticos que se le fue de las manos a su creador.
Se pensó que pudo ser obra de Ilya Tsion, un viejo y reaccionario periodista ruso que vivía en París por entonces y escribía en un tono parecido, podría haberlo hecho para desacreditar a los liberales ante el zar, pero como principal sospechoso de la trama la balanza se inclina hacia Pyotr Ivanovich Rachkovsky, jefe del servicio de espionaje zarista en el extranjero, concretamente en París. Rachkovsky fue autor de varios folletos antisemitas y creía seriamente en la existencia de una conspiración mundial judía que amenazaba principalmente a Rusia. Tenía muchos enemigos y algunos pasajes de los “Protocolos” podrían ser alusiones veladas hacia ellos, incluso hubo algunos mencionados por su nombre. Rachkowsky regresó a Rusia en 1902, tras 18 años en París, y después de la revolución de 1917, tras la clausura de sus oficinas en París, un antiguo colaborador confesó que los Protocolos habían sido falsificados en París, sin duda por orden de Rachkowsky. Fuera quien fuese, la falsificación causó toda una locura colectiva que acabo en la masacre de miles de personas inocentes. Sin embargo, aunque esta es quizás la leyenda más nefasta y de más terribles consecuencias en la Historia, no es la única... Pero eso lo dejo para otro momento...

A.Andrés

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