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EEUU

Cómo escribir poesía, Leonard Cohen

Por ejemplo la palabra mariposa. Para usar esta palabra no hace falta aligerar la voz, ni dotarla de pequeñas alas empolvadas, ni inventar un día soleado o un campo de narcisos, ni estar enamorado, ni estar enamorado de las mariposas. La palabra mariposa no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. La gente tendrá todo el derecho a reirse de tí si confundes estos dos conceptos. No le des tanta importancia a la palabra. ¿Qué quieres transmitir, que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente su naturaleza? La palabra mariposa no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras. No representes nunca las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si tu ambición y tu hambre de aplausos te ha llevao a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices.

 

Calificación: 
5

Aullido, Allen Ginsberg

 

(Traducción inédita de Rodrigo Olavarría)

    
  Para Carl Salomón

    I

    Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
    arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
    hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,
    que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
    que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,

    que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,

    que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,

    que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,

    que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,

    que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche,
 con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin,

    incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo,

realidades de salones de Peyote,
amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero,
borrachera de vino sobre los tejados,
barrios de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante,
vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Brooklyn,
desvaríos de cenicero y bondadosa luz reina de la mente,

Calificación: 
5

Carta Henry Miller a Lawrence Durrell

Carta de Henry Miller a Lawrence Durrell (París, 29 de julio de 1937)

Querido Durrell:

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by Dr. Radut