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Venezuela

La fiesta de la castaña

Por Lesbia Quintero, escritora venezolana
 

Para Ana María Velázquez, indagadora de mitologías


Los recuerdos están intactos, el tiempo no ha podido tocarlos, son inmunes, son inmortales. Se desplazan por cualquier parte cuando quieren, a veces se ocultan y no escuchan ningún llamado. Es tan difícil hablar de los recuerdos, a pesar de verlos nítidos en la película de mi memoria, cuando intento describir esa selva de rostros y sucesos, se vuelve brumosa y desaparece en mis palabras, se van deshaciendo con cada frase que pronuncio o escribo. Quizá por eso me he negado durante tanto tiempo a contar la historia de Sandra, porque escribir, contar historias que ya están muertas, es un trabajo muy arduo. Los recuerdos van desahuciando la esperanza, en mi caso, a lo mejor soy muy cruel conmigo mismo, qué importa. Esta vida es una trama que se desenvuelve como le da la gana, tiene sus misterios y sus mañas, y los recuerdos son parte de ella.

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¿Para qué la poesía?

Que cada palabra lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido. No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que es. Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales. Quiero exactitudes aterradoras. Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas. Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa.

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by Dr. Radut